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ISSN 1989-4163

NUMERO 102 - ABRIL 2019

 

La Primavera es Cosa de la Diosa Ceres

Carmelo Arribas

La granada, como nos dice el profesor Blázquez(1), es una fruta que aparece  frecuentemente en la temática funeraria, y la abundante iconografía tanto de los etruscos como de otros pueblos, coloca a las granadas, en múltiples representaciones que arrancan desde el S.V a.C., acompañando figuras en las que se representan; luchas de gladiadores, de evidente significado funerario, viajes de difuntos al Hades, o matronas sosteniendo dos granadas. Con lo que se torna evidente, que la representación de esta fruta junto, o siendo portadores de ellas, dota de simbolismo de ultratumba las escenas en las que se desarrolla la acción de los personajes representados.

La mitología coloca en las manos de Poserpina, arrastrada a las profundidades del Infierno  por Plutón para convertirla en la reina de los mundos de ultratumba, una granada.

Proserpina  hija de Ceres y Júpiter, se encontraba recogiendo flores, cuando Plutón surgió del inframundo montado en una cuadriga arrastrada por  cuatro caballos negros, y raptándola, se la llevó al Hades.

Su madre Ceres, diosa de la agricultura,  al notar su ausencia, comenzó a buscarla desesperadamente, por todos los rincones de la Tierra. Así triste y ocupada sólo en su búsqueda, todas las frutas y cereales dejaron de crecer y por donde pisaba, la tierra se convertía en desierto. Júpiter le pidió a Plutón que liberase a Proserpina, para que la naturaleza volviera a florecer. Este finalmente le permitió volver con su madre, pero antes de hacerlo le dio a comer seis granos de granada, para  que tuviese que vivir seis meses con él. Así pues Ceres recibe a su hija en la primavera, y la recibe floreciendo los árboles y las plantas y al llegar el verano la tierra da frutos, pero al tener que volver de nuevo con Plutón, y dejar a su madre, esta se entristece y la vegetación se agosta y pierde su color, permaneciendo estéril durante el invierno.

Una lápida de mármol encontrada junto a un pantano, de posible origen romano, cercano a la ciudad de Mérida acabaría dándole el nombre de Proserpina, al mismo.

En esta lápida se lee la petición a esta diosa que reina en los infiernos, para que sea su vengadora, pues le han robado varias prendas de vestir.(2)

DEA . ATAECINA TVR / BRIG . PROSERPINA / PERTVAM MAIESTATEM / TE ROGO ORO OBSECRO / VTI VINDICES QVOT MIHI / FVRTI FACTVM EST QVISQVIS / MIHI IMVDAVIT INVOLAVIT / MINVSVE FECIT EAS...Q I.S.S / TVNICAS. VI...........AENVLA / LINTEA.II.IN...VM CV / IVS.....M . IGNORO /......IVS.

“Diosa Ataecina Turibrigense Proserpina, te ruego, pido y demando, por tu gran majestad, que seas mi vengadora en cuantos robos me han sido hechos; un quidam a mi me ha escamoteado, en menos tiempo que se tardó en hacerlas, las cosas que abajo escribo: túnicas, seis; capota de lienzo dos, camisas... ”

Este sentido de ultratumba, posiblemente quedaría en la mente y el imaginario de las gentes y se reproduciría a través de los tiempos. Así en el Museo Visigodo  de la ciudad de Mérida, existe una pilastra, en la que la iconografía de haces de espigas en la parte superior y granadas en la inferior, pueden retrotraernos a la simbología del cielo, o de Jesucristo, “yo soy el pan vivo bajado del cielo”, (Juan. 6, 51) y del infierno, aunque además pueden significar la unidad, tanto por las gavillas atadas, como por las granadas, con todos los fieles, personificados en los granos de esta, dentro y protegidos en una sola iglesia, en una época en la que el arrianismo y las diversas herejías tenían dividida a la cristiandad, significado que se completaría con la flor de lis, que se encuentra dominando las figuras, símbolo de la Trinidad, tres partes formando una sola flor, simbología muy repetida en la iconografía visigoda, afirmando de esta manera, el misterio de la Trinidad de los católicos frente a la negación de Cristo, como Dios, por parte de los arrianos.


(1) Blázquez, José María. Imagen y Mito. Estudios sobre las religiones mediterráneas e ibéricas. Pag.70. Ed. Cristiandad.

(2) Nogales Basarrate, Trinidad y Mosquera Müller, José Luis. Aquae Aeternae. Una ciudad sobre el río. 2000, p.57.

 

 


 

 

Ceres

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